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RELOJES HARRY WINSTON

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Relojes Harry Winston
La Casa HARRY WINSTON, uno de los imperios más grandes y
prestigiosos de la industria de la joyería, es única entre los joyeros de la
moda contemporánea, ya que realiza enormes ventas y una vasta producción,
además de contar con exclusivos salones de muestra en Nueva York, Ginebra,
París, Beverly Hills y Tokio. La complicada tarea de cortar el diamante,
pulir, diseñar y finalmente crear la joya se lleva a cabo en el edificio
Winston de la 5ª Avenida de Nueva York.
Esta casa es la personificación de tres generaciones de joyeros que se
remonta a cien años atrás. La empresa, que todavía hoy lleva su nombre, fue
creada en 1932 por Harry Winston, hijo de un joyero neoyorquino.
Harry Winston fue un hombre fascinante, un gigante del mundo de las piedras
preciosas ya antes de cumplir los 30 años. Fue conocido, y actualmente es
recordado, como el "Rey de los Diamantes", título que se mereció
tras 70 años de dedicación a las joyas.
El padre de Winston poseía una pequeña joyería en Nueva York, y así,
algunos de los recuerdos más tardíos de su niñez pertenecen al ámbito de
la joyería fina. No habiendo llegado aún a la adolescencia, Winston ya
dejaba entrever al gran maestro joyero en que se convertiría. Una vez
reconoció un anillo en un escaparate que se exponía en una bandeja,
camuflado entre un surtido de joyas baratas; un ojo clínico para la alta
joyería le permitía distinguir una esmeralda tan sólo con mirarla. Winston
compró el anillo por 25 centavos y lo revendió llevándose unos beneficios
muy generosos. A los 19 años, se sumergió en el mundo de los negocios e
invirtió un pequeño capital y grandes sueños: estaba decidido a crear su
propio universo de joyas.
"Mi padre siempre tuvo miedo de que me poseyera un fervor desorbitado por
las joyas... A veces pienso que tenía razón."
Winston demostró desde el principio una loable intuición y mucho talento.
Tal vez lo más revelador fuese el que durante las vacaciones de Navidad, al
principio de su carrera profesional, se sorprendiera con la visión de una
guirnalda de acebo colgada de su puerta.
Descubrió que las mismas hojas eran las que daban forma a la guirnalda, y se
le ocurrió que podría hacerlo igual con joyas y conseguir el mismo efecto.
Así comenzó la revolución en la industria relojera que empezara Harry
Winston. Comenzó utilizando engarces de platino ligero y flexible, que permitía
una disposición tridimensional de piedras preciosas. De este modo, se creaban
más tonalidades de brillo para resaltar las formas de las joyas.
"Harry Winston... fue único... no copió a nadie... y tuvo agallas para
arriesgarse... fue un verdadero genio."
(Un comerciante rival).
Ronald Winston figura como presidente de la compañía desde que su padre
muriera en 1978, y se apoya en la sólida reputación que se ha granjeado
WINSTON para dirigir el negocio hacia una nueva era.
WINSTON continúa asociándose con la élite y con clientes exclusivos. Sus
joyas más preciadas se vendían a poderosos industriales, potentados
adinerados, familias reales y estrellas famosas, que todavía hoy son sus
clientes.
La tradición WINSTON se ha encargado desde siempre de disponer exposiciones públicas
y privadas de joyas raras. Círculos privados y público de todo tipo han
disfrutado durante décadas de estas asombrosas muestras.
Empezaron en 1949 con "The Court of Jewels" (La Corte de las Joyas),
exposición con la que se pretendió mostrar la belleza y la provocación de
los diamantes y diseños de joyería que Harry Winston poseía. A mediados de
la década de los 50, La Corte de las Joyas incluyó el famoso "Hope
Diamond", que recorrió toda América y más tarde fue donada al museo
Smithsonian de Estados Unidos.
En 1960, tuvo lugar una muestra en el parisino museo del Louvre.
En 1982, hubo otra muestra en el museo Metropolitano de Nueva York.
Aunque es conocida básicamente por su negocio con los diamantes, la clientela
de Harry Winston también considera a esta marca como la reina de los rubíes,
esmeraldas, zafiros y perlas de alta calidad.
Winston poseía más de 60 de los 303 diamantes más grandes del mundo, más
que cualquier otro individuo u organización, incluyendo diferentes gobiernos
y casas reales. La compañía ha vendido algunos de estos grandes diamantes,
entre ellos el Jonker, el Vargas, el Estrella de Sierra Leona, y el Taylor-Burton.
Hoy como siempre, HARRY WINSTON es la firma de las joyas más glamurosa del
mundo.
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